Crisis del siglo XVII

Durante la segunda mitad del siglo XVI culmina el Europa un largo proceso de expansión económica. Se pasa a una situación conflictiva que ha permitido hablar de una crisis del siglo XVII.
Una de las primeras interpretaciones dadas a la crisis desde una perspectiva económica aunque también social, es la dada por Hobsbawm en 1955. En uno de sus artículos plantea la existencia de indicadores que apuntan a una recesión del ritmo expansivo precedente. Él explica esta recesión: la sociedad del momento era todavía eminentemente feudal, pero en ella se habían desarrollado ya elementos de tipo capitalista. Esta descompensación habría supuesto un obstáculo a la continuidad de la expansión. La situación había sido especialmente complicada en el sur y el este de Europa: Portugal, España, Polonia, Rusia… Solo al norte de Europa, en Holanda e Inglaterra, el cambio de esta estructura había provocado una rápida transformación en la sociedad que les llevó en el siglo XVII a un rápido desarrollo capitalista.
El planteamiento neomaltusiano también intenta explicar la crisis del siglo XVII por medio del desfase entre recursos y población.
Otros autores son muy críticos por lo que respecta a la existencia de una crisis generalizada en el siglo XVII. Según ellos lo que se dio fue una sucesión de malos momentos que se alternan en el espacio. No fue una recesión ni uniforme ni prolongada. Además estos autores matizan el concepto de crisis generalizada. Afirman que ésta época no fue claramente conflictiva en relación con épocas anteriores y posteriores.

Algunos autores que afirman que sí existe crisis lo que hacen es analizar la demografía. Explican que a finales del siglo XVI hubo un frenazo en la expansión demográfica que incluso en algunas zonas se vuelve recesión. Pese a la recuperación de la población de la segunda mitad del siglo XVI, el crecimiento sería muy bajo todavía a finales del siglo XVII. Autores que analizan la producción y llegan a conclusiones muy semejantes analizando los libros de tazmías que recogen la serie de diezmos. Teóricamente estos diezmos respondían a un 10% de la cosecha y tenían que ser entregados a las iglesias. Así se puede estudiar la evolución de la cosecha año tras año: en la Europa del sur hubo una trayectoria de quiebra en la producción agraria durante el siglo XVII.

Los orígenes de la hegemonía económica en la Europa noroccidental

En el estudio de la crisis del siglo XVII también se observan los circuitos comerciales internacionales. El tráfico del Báltico retrocede así como el comercio entre Sevilla y América. Este problema del comercio afectó a la llegada de metales preciosos, algo imprescindible para mantener la fluidez de las transacciones comerciales. Estos datos son todavía de difícil valoración, apuntando algunos autores a mecanismos de sustitución más que a una crisis: aparecen dificultades en el imperio español y el portugués, pero se compensan con el avance holandés. Igualmente hubo una reducción del metal precioso que llegaba a Sevilla y que era la base de la oferta monetaria, pero estos autores críticos aducen una desviación del comercio a Ámsterdam, donde probablemente llegase más metal precioso. O tal vez sí que hubo un descenso del tráfico comercial con América pero probablemente debido a la aparición de circuitos comerciales propios en América. Podemos afirmar así que no hubo una crisis de la economía americana sino un cambio de enfoque.
Existe cierto consenso a la hora de hablar de una crisis en las áreas hegemónicas tradicionales: España, Portugal e Italia, que se ve sustituida por Inglaterra y Holanda. Hay una traslación de áreas hegemónicas hacia la Europa atlántica.
Se da una crisis diferencial que afecta de distinta forma a diferentes territorios. Aquí recurrimos al modelo Wallerstein para explicar el hecho. Afirma que en el siglo XVI aparece una economía mundo similar a al que hoy rige las relaciones entre países desarrollados y subdesarrollados. Plantea un modelo espacial, donde clasifica al mundo en tres partes: centro, periferia y semiperiferia, determinadas por la variable de “relaciones de producción” y por la variable del “proceso productivo”. En el centro se daría un trabajo libre, mientras que en la periferia se da una extracción de materias primas (cereal en Polonia, metales en América…) mientras que en el centro (Inglaterra, norte de Francia, Holanda…) están especializados en actividades industriales que activan la venta de trabajo asalariado, tienen una agricultura intensiva y anuncian ya el capitalismo. En la periferia se implantan sistemas de trabajo forzados como las naborías o las mitas a través de mecanismos de pillaje. Dentro de Europa algunas zonas se consagran en el siglo XVII como núcleos capitalistas mientras que en al Europa del Este las relaciones comerciales basadas en la exportación de cereales habían inducido a la aristocracia a imponer la servidumbre. Holanda e Inglaterra sustituirán a los imperios de cuño medieval como España y Portugal en el liderazgo económico internacional. Estos países sustituidos y anclados en un universo feudal e imperial son las llamadas semiperiferias, que no darán el salto al capitalismo. En el siglo XVII se da la expansión en el centro y la decadencia en los universos que todavía tienen un marcado carácter imperial. Todo este proceso condujo al capitalismo en la Europa occidental, que se da en distintos tiempos, y al subdesarrollo en lo que hoy llamamos tercer mundo. La diferencia actual norte-sur tiene su origen en esta situación de los siglos XVI y XVII de centro. Periferia y semiperiferia. Es una visión basada en el intercambio diferencial . El mercado internacional cobra un papel relevante en la explicación de este tipo de procesos.

Sociedad estamental y conflictos sociales

Desde el punto de vista económico, muchos países afrontaban dificultades en el siglo XVII, tal y como sucede con Rusia y el imperio Otomano. No se puede establecer una cronología única, pues además la evolución se da de diferente forma:




  • Sacro imperio germánico: crisis en el 1520 y quiebra en el siglo XVII
  • Rusia: crisis del régimen a la muerte de Iván IV en 1560 y “época de las turbulencias” entre 1584 y 1613
  • Imperio otomano: colapso económico y político entre 1580 y 1590

Además se rompen en el segundo cuarto del siglo XVII los pactos existentes en Europa occidental, comenzando a aparecer sublevaciones:

  • Inicios de la revuelta inglesa provocados por irlandeses y escoceses en 1642, estableciendo la Commonwealth.
  • Separación de Cataluña en 1640
  • Rebelión de Portugal
  • Revueltas en Nápoles y Sicilia
  • Fronda del parlamento y de los príncipes en Francia entre 1648 y 1653
  • Intento de golpe de estado de Guillermo de Orange en Holanda, que fracasó
  • Revolución en Suecia en 1650 con una crisis de subsistencia, un ataque contra la nobleza y el temor a una guerra civil.
  • En Rusia, rebelión en Moscú entre 1648 y 1649, con el alzamiento del campesinado.

Ahora bien: ¿fueron incidentes dispersos o responden a una única crisis?
El planteamiento de Hosbawn y Stengard es que la crisis de poder y riqueza en el sector público y privado. Merriman cree que es una lucha entre absolutismo y constitucionalismo. Roper opina que es una crisis entre sociedad y estado debido a los costes elevados de las cortes del renacimiento. Mousnier y Rabb creen que es al búsqueda de estabilidad por la ruptura de la autoridad tradicional.
Pero los acontecimientos de 1640 tuvieron una raíz común: tensiones a largo plazo inherentes al desarrollo del estado centralista. Las resistencias tuvieron posturas diferentes: separatismo, constitucionalismo, patrimonialismo…
Las dificultades financieras responden a lo inadecuado de un sistema fiscal unido a la inmadurez del estado y de su propio concepto. Lo que estaba en juego era si la corona podía ejercer poder sobre los nobles o si tendría que compartirlo con las elites locales. Entre 1620 y 1630 se da una situación de quiebra económica y de guerra que se intenta solventar con un periodo de explosión fiscal abusiva e intrusiva. En el siglo anterior, el siglo XVI, la financiación se dio gracias al crecimiento económico, con impuestos que gravaban el comercio. Pero ahora, en periodo de crisis, se buscan nuevos impuestos más directos y terribles, que alcanzaron niveles tan altos que no se habían visto desde 1520. Se intenta racionalizar el sistema fiscal, encubriendo así un ataque contra los privilegios y exenciones, l oque producirá resistencias violentas.
En este contexto de imposición de una nueva fiscal aparecen conflictos en Vizcaya por querer cobrar el medio de la sal. En Inglaterra aparece el ship money como equivalente, por el que el rey y el valido intentaron gobernar con una jurisdicción de excepción, conocida como star chamber, que dio lugar a un conflicto que acabó con ejecuciones entre las que se encontraban el valido, el obispo de Canterbury… En Nápoles se intentaron gravar las frutas, lo que también produjo conflictos. La crisis Sueca de 1650 fue una respuesta de la baja nobleza y el campesinado provocada por la alineación de las tierras a manos de la alta nobleza, que era con lo que la monarquía se había financiado.
El intento de corregir estos impuestos implicó un ataque contra las libertades locales provinciales y exenciones contra los progresos de la monarquía centralizada.
Especialmente visibles fueron las monarquías completas o de agregación, donde el proceso de centralización se veía como una amenaza. Se tiene una visión corporativa del estado, monárquica y conservadora. Este conflicto constitucional adquiere sus perfiles más claros al mundo inglés, en la guerra del parlamento contra el rey. Es una crisis de una comunidad política y unas constituciones. Es decir: una crisis de y en el gobierno a la hora de establecer una nueva visión del estado, a lo que se oponen los que gobiernan de acuerdo al modelo anterior. Por esto muchos de los acontecimientos de 1640 expresan las tensiones en el reino en torno a las diferentes concepciones de la estructura del gobierno. Esto aparece reflejado en el papel que cumplen los oficiales del rey: cumple su papel como agentes del monarca y a la vez defienden sus propios intereses como miembros del cuerpo privilegiado de la sociedad. Se da una ambivalencia entre la obligación con el rey y el bienestar particular.
El papel de los parlamentos provinciales de Francia, y en particular en París durante el mandato de los validos Richelieu y Mazarino constituye un gran reflejo de esto. En febrero de 1641 aparece el lit de justice, un edicto clave para entender el conflicto entre el rey y ls parlamentos provinciales franceses donde se prohíbe que el parlamento se involucre en asuntos de estado y se les obliga a admitir edictos sobre asuntos que no sean financieros. Se le retira así al parlamento la iniciativa legislativa de los parlamentos. Esta cuestión explica las Frondas, tanto la de los príncipes como la parlamentaria.
La fronda parlamentaria pretendía dar la vuelta al edicto de 1641 y limitar el poder de los consejos reales y volver a la situación establecida por las ordenanzas del siglo XVI para limitar lo que estaba sucediendo en torno a algunos oficiales reales. Algunos de estos oficiers eran cargos venales (se habían comprado). Y algunos de estos cargos además se intentaban sustituir por comisarios gubernamentales o intendants, que tenían gran cantidad de poderes fiscales, militares, judiciales… que además habían sido ampliados por Richelieu. Estos intendants fueron utilizados en principio de forma excepcional, pero en 1637 la guerra provoca que su actividad se extienda a todas las provincias de Francia. Van apoderándose de la jurisdicción provincial y de algunas cuestiones de la jurisdicción real. Los parlamentos provinciales se sienten atacados e intentan limitar el poder de los intendants en la administración de justicia. El rey comienza a gobernar al margen de los parlamentos a través de la chancillería y los consejos reales. A partir de este momento los parlamentos establecen un programa de reformas que intentan imponer a finales de 1648, que cuentan con el apoyo de París ya que allí se cuestiona también el poder del valimiento, considerado una subversión del orden tradicional. Solicitan una reducción de impuestos, la vuelta al control de al fiscalidad por parte de los parlamentos, limitan el poder de los intendants, el poder real y al valido en la administración de justicia. En esta situación Mazarino expuso que todas estas medidas supondrían la destrucción de buena parte de lo que supone la monarquía. Esta crisis política ha sido interpretada como la reacción de una antigua aristocracia de carácter feudal en declive, tanto política como económicamente, que trata de evitar la consolidación de la autoridad del rey y la intervención delos juristas profesionales que dominan los tribunales del rey y limitan el poder de los señores territoriales. Intentan mantener su papel activo en la política. Todo esto en una época en la que la aristocracia tiene unas deudas elevadas y un colapso de sus ingresos, tal y como le sucede al estado.
En este contexto se desarrolla la política de patronazgo, del favor real. La vieja aristocracia supone que este favor está siendo acaparado por el valido y un grupo de favoritos del rey que viven en la corte. Así quieren explicar algunos autores la conspiración en Castilla del duque de Medina Sidonía, que intentó defender a una Andalucía supuestamente oprimida por una insoportable carga fiscal paralela a la crisis financiera del estado.
A la vez que sucede todo esto encontramos la fronda de los príncipes, entre 1649 y 1653, que se explicaría como el descontento de la aristocracia francesa.
En definitiva, la crisis del XVII se ha visto como el momento más intenso de al crisis del sistema absolutista. Son los últimos coletazos de la oposición medieval que defiende una forma de gobierno más eficaz y moderna contra las fuerzas de las estructuras tradicionales, tal y como opinan Ogg y Mousnier.
Empieza a aparecer una proto burocracia que actúa en funciones de gestión y que se va organizando en departamentos ministeriales. Por esto algunos historiadores han planteado que el vencedor de la crisis del siglo XVII no fue el absolutismo patrimonial sino del propio estado, tal y como afirman Lloyd, Moote y Bonney.