En el mundo medieval las iglesias cristianas tenían el monopolio del saber, ligado a comportamientos y creencias. Impiden que cualquier doctrina contraria sus creencias tenga una evolución. Por eso no existe antes del siglo XIV ningún esquema filosófico laico distinto a cristiano. Poco a poco surge un sistema mental con una escala de valores laica y terrenal que se apoya en el patrimonio clásico. Las nuevas unidades de referencia en este modelo serán planteamientos greco latinos que dan lugar a un lenguaje distinto. Esta nueva apreciación es el humanismo.
Los humanistas serán intelectuales que tomen conciencia de las nuevas necesidades y exigencias culturales y que provienen de sectores no eclesiásticos. Fue un fenómeno bastante extenso territorialmente con representantes en toda Europa occidental y central a partir de mediados del siglo XIV, aunque se afianzará ya en el siglo XV. La obra de los humanistas fue múltiple en cuanto a temas. Son, aparte de intelectuales, hombres de acción: diplomáticos, historiadores, políticos, filólogos… Crean un saber laico. Intentarán convertirse en una cultura alternativa pero no se proponen polemizar con la escolástica. Simplemente no la tienen en cuenta.
Retoman los contenidos del patrimonio cultural clásico, volviendo a temas y esquemas que actualizan o creciendo un conjunto articulado de condiciones laicas y aspectos terrenales.
El humanismo pasó por muchas etapas que tienen que ver con los grupos sociales que soportan esas etapas. Intentan satisfacer las necesidades de las capas medias y superiores de la sociedad urbana. Tienen que ver con la elite tanto social como cultural. Políticamente estuvieron alineados igualmente con las repúblicas, lo reinos, los principados…
Su interés es renovar obras de autores griegos y romanos, donde lo terrenal y lo humano tienen un peso específico. Es una temática distinta a la de los autores medievales. La lengua de estas obras clásicas también les atrajo, lo que lleva aún interés creciente por la filología.
Los humanistas se apoyan en los clásicos, pero no copia ni se repiten. Incluso estos humanistas se consideran superiores a los propios pensadores greco latinos, de los que obtienen una cultura propia con referencias a autores como Virgilio, Cicerón u Ovidio. Se posicionan a favor del latín clásico despreciado del vulgar utilizado en la escolástica. Algunos autores se especializada ante la diferenciación e identificación de textos reales de falsificados, descubriéndose por ejemplo en este momento la falsedad de la “donación de Constantino”.
Algunos autores eclesiásticos que se sumaron a esta recuperación de los clásicos intentando llegar a una simbiosis entre patrimonio clásico y eclesiástico. Entre ellos hay que destacar a Erasmo y a Tomas Moro.
La imprenta tendrá un papel muy destacado como medio eficaz de difusión del patrimonio clásico.

Los autores humanistas se plantean la aparición de una escala de valores diferente a la del momento. Encuentran importante que el apego a lo terrenal, a lo inmediato.
Aún así, la mayoría de los humanistas no pretendían cuestionar los dogmas que procedían de la iglesia de su tiempo. Para ellos lo fundamental es analizar el concepto de ciudadanía, los placeres y valores en que cree la civilización laica. Por ello cobra urgencia el concepto de vía activa contra concepto de vía contemplativa, reivindicándose lo humano como “valioso”.
Legitiman su papel como intelectuales laicos gracias a su acción cultural, apareciendo un embrión común a todos los humanistas independientemente del lugar o grupo del que procedan.
Un concepto fundamental de estos humanistas será el de la virtud, propuesto por humanistas del siglo XV y entendido como un “valor personal por el que el hombre se afirma construyendo su camino” (Garin). Exalta el valor del individuo y el esfuerzo y la capacidad. La vida del hombre es un juego de fuerzas entre la virtud y la fortuna (entendida como destino). Estas dos variables provocan la oscilación entre los valores humanos. Durante el cuatrocento se exalta la capacidad de los hombres para superar reveses de la fortuna y aprovechar los momentos favorables así como la capacidad de ejercer un comportamiento fuerte y creador. Sólo esta capacidad del hombre que superar esta fortuna será la base del pensamiento de Maquiavelo.
Dentro del estudio de los humanistas será fundamental el estudio y clasificación de las virtudes. Esto ya había sido codificado por la teología, pero los humanistas pretenden una clasificación nueva ya que no consideran en alto grado la pobreza y la castidad, por ejemplo. Las virtudes teologales eran la fe, la esperanza y la caridad. Pierden gran parte de su prestigio en provecho de las virtudes cardinales ya que son más prácticas y morales. Estas virtudes cardinales serán la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
Muchos humanistas seguirán a los estoicos y considerarán la virtud como un todo, incluyendo en ella atribuciones de carácter terrenal. Así entienden como virtudes la amistad, la liberación.
La virtud era una capacidad de distinguirse (ser diferente) e integrarse en una comunidad. Es una reivindicación de ser útil a los hombres. El acento se pone en la obtención de un logro terrenal y no de un premio eterno. Se vuelve a una visión optimista de los instintos básicos del hombre y se relajan las referencias religiosas. Lo importante es la práctica de la virtud (laica) como medio para lograr el éxito personal.
Socialmente, el interés se fija en los miembros provistos de recursos económicos, recursos intelectuales y apoyos. Por ello se recurre a los motivos clásicos de la fama y la gloria: una obtención de la reputación más tangible que la religiosa pero menos duradera. Para ello hay que contar con el favor de la fortuna, y esto leyó por lo que surgen cuestiones como el honor, la riqueza, la buena posición en cuanto a amistades… Es decir: será gran importancia a los elementos de éxito.
La virtud también supone saber aprovechar las situaciones. Por eso se desarrollarán gran cantidad de textos sobre cómo educar el gesto y la palabra para ser un buen cortesano. El manual clásico para esta formación es “El Cortesano” de Castiglione. Fue traducido al castellano por Boscan.
Los humanistas desplazan el anterior centro de pensamiento (la inmortalidad ultra terrenal) en favor del universo mundano. Les importan los hombres intrépidos y sagaces. La mujer sufre un absoluto desplazamiento en el Renacimiento.

La virtud se convierte en el apoyo de toda una serie de conquistas concretas. La cultura no tenía que está sometida a ningún tipo de coacción y debía estar libre de dogmas de cualquier naturaleza. Aquí está la base del nacimiento de una intelectualidad europea. Los humanistas integran elementos que intentan erigirse en las guías laicas de la sociedad. Muy a menudo se alinean con quienes detentan el poder, del que derivará su sustento material pero reivindicando a la vez su derecho a escoger unas referencias culturales en vez de otras además de no subordinar sea dogmas religiosos.

El renacimiento europeo fue un fenómeno general en Europa occidental y central desde comienzos del siglo XV hasta la primera mitad del siglo XVI. Es una continuidad de planteamientos humanistas que abarcan gran cantidad de actividades culturales así como una gran extensión geográfica (de Polonia a España y de Inglaterra al sur de Italia). En el siglo XV los mayores focos culturales estaban Flandes y la zona centro-septentrional de Italia. En la primera mitad del siglo XVI estos dos focos mantienen su importancia pero pierden su carácter de exclusividad, afianzándose centros de Alemania, España, Inglaterra o Francia. A principios del siglo XVI aparecen culturas nacionales, pero todas interrelacionadas formando un campo cultural común llamado “Renacimiento europeo”. Por esto se pasa de los diferentes Studia Humanitatis anteriores locales a una auténtica república de las letras, al Renacimiento que incluye a todo el mundo europeo. Todo ello se deriva de la intensificación de relaciones políticas entre diferentes países así como de la rápida implantación de la imprenta, que dio lugar a intercambios culturales importantes.
En la segunda mitad del siglo XV se establece un intercambio dialéctico entre centros de producción y creación intelectuales en Italia fundamentalmente y distintos focos culturales europeos. Estos intercambios dan lugar a grados de asimilación y de reelaboración de los que surge, en los primeros decenios del siglo XVI, un mismo nivel cultural común a todas las cortes europeas. Esto sucederá en todos los ámbitos menos en el artístico, donde Italia seguirá destacando.



Los centros italianos se convierten en punto de referencia cultural, y muchos intelectuales llevan sus ideas, su programa, a cortes de diferentes países europeos. El programa humanista se desvincula de la escolástica. También hay un flujo la inversa: intelectuales europeos que pasan tiempo en Italia. Se produce así un intercambio fructífero entre literatos, filólogos, políticos o pedagogos. Los humanistas italianos aparecen en cortes, universidades europeas, desde el siglo XV. El flujo a la inversa será sobre todo entre 1470 y 1530.

El humanismo tuvo una gran influencia en la España de los Reyes Católicos, tanto en Castilla como en Aragón. En Castilla destaca la obra de Juan Luis Vives, así como la de Nebrija (1441-1522). Este último estudio en Salamanca y viaja a Italia donde conecta con la cultura humanista. A su vuelta trabaja como filólogo. Su obra inicial, la Gramática, sirve para introducir a España en el análisis de la cultura latina así como para sistematizar la lengua castellana. No fue sólo un filólogo, sino también geógrafo, historiador y estudioso de la Biblia. También tuvo gran importancia en Castilla la recepción de Erasmo de Rótterdam, que apuesta por la vuelta a una versión original de las escrituras y a un cristianismo primitivo Defiende así mismo una fe de carácter individual.

El centro más importante del humanismo en Aragón se encuentra en la universidad de Valencia, que finalmente fue diezmada por la inquisición que desarticuló el movimiento intelectual luchando primero contra los judaizantes (esto le ocurre por ejemplo a la familia de Vives), segundo contra los erasmistas y para finalizar contra los luteranos.
En Francia el humanismo reviste tintes claramente erasmistas. Hay un debate sobre la reforma religiosa desde el punto de vista institucional, donde se busca retorno a la religión interiorizada. Esto dio lugar a una importante confrontación de los humanistas, donde destaca Lefebre D’Etaples (1450-1536) con las instituciones eclesiásticas. Lefebre tenía como punto de referencia a Aristóteles. Visitó Italia, aprendió griego, y se familiarizó con la tradición “hermética”: especulaciones y escritos que en épocas distintas han seguido algunos libros de alquimia atribuidos a un tal Hermes. Supuestamente Hermes fue un filósofo egipcio que vivió en el siglo XX a.C. También conecta con los exegetas (comentaristas de textos). Lefebre fue protegido por el rey Francisco I, lo que no evitó que los reformadores franceses dirigidos por él sufrieran persecuciones por parte de los obispos y de los profesores más conservadores de la Sorbona, que presionaron al rey para que comenzársela la represión contra el humanismo.

En Inglaterra el humanismo entró en Oxford y Cambridge con el apoyo de las autoridades y la aprobación de los distintos profesores universitarios. Los humanistas más influyentes aquí fueron Colet y principalmente Crocyn (1466-1519), que recogen las aportaciones del humanismo italiano. Crocyn es el erudito viajero que visita Francia e Italia y se familiariza con los clásicos. Vuelve a Inglaterra como profesor en Oxford y desde allí invita a Erasmo. Colabora con otros humanistas tanto de las letras como de las ciencias, y se dedicó a denunciar la corrupción eclesiástica lo que le hizo sospechoso de herejía. El asunto no pasó a mayores.
Entre los humanistas alemanes destacan Konrad Celtics (1459-1508). Fue un poeta lírico que estimuló en su país el interés por los estudios clásicos y por la tradición germánica. Da a sus trabajos un amplio contenido patrístico. Viaja también a Italia donde estudia astronomía, matemáticas… Funda en Viena un centro de estudios humanistas, el Sodalitas Dannubiana. Es famosa por descubrir un mapa del imperio romano y los escritos de una religiosa del siglo X que publicó en 1501.
El aumento por el conocimiento y el interés de la filología genera una revolución en los estudios jurídicos. En este ámbito se prestará especial atención a los códigos redactados por Justiniano, aunque se consideran documentos históricos de fruto de exigencias descartadas con el presente y no como norma de fe sino como base.
También se observa en estos autores una relación directa entre historia y política: quien mejor comprende el pasado es el mejor consejero de príncipes. Vives dice que el saber histórico es la base para comprender lo que deberíamos seguir y lo que deberíamos evitar. Sobre la historia se puede construir un saber político productivo.
Los humanistas tienen confianza en la eficacia formativa de la pedagogía. Existen varios escritos donde se discute la educación de soberanos para que lleven a cabo un gobierno virtuoso. El más famoso de estos libros fue el “Relox de príncipes”, escrito en 1529 por Antonio de Guevara. Fue el libro más leído en Europa después la Biblia. Otro libro de este tipo es el “Institutio principis christiani” escrito en 1516 por Erasmo. Se le presenta a Carlos de Habsburgo. En este contexto se entiende también “El príncipe” de Maquiavelo. Este tipo de textos se publicaron en toda Europa. Muchos de sus autores fueron hombres dedicados a política.
La filosofía verá en el Renacimiento complicarse su lenguaje. Es un lenguaje bastante oscuro, siendo en ocasiones hasta místico y esotérico. En toda la cristiandad, hasta el siglo XV, nadie había elaborado teorías contrarias a los dogma religiosos. En el nacimiento esto ocurre de forma marginal, pero ocurre. Aparecen así teorías completamente nuevas en clara discordante con la teología. Los siglos XV y XVI son siglos de la libertad de pensamiento desconocida anteriormente debido a:

  • Crisis de la escolástica
  • Prestigio del humanismo, que vuelve sus ojos a la antigüedad
  • Audacia intelectual

El resultado es una nueva aportación de doctrinas de diferente procedencia (judías, árabes…) así como de disciplinas como la magia o la astrología.

La idea obsesiva de los renacentistas era buscar un vínculo del hombre con el mundo, no con Dios como sucedía en la escolástica. Por eso las cosmologías del momento se dirigen a planteamientos de carácter animista o vitalista que defienden que “todo es Dios”. Son corrientes de carácter panteísta. Junto a estos planteamientos aparece cada vez menos la concepción del universo en función de un creador que está por encima de los hombres. El hombre en el renacimiento será glorificado de muchas formas, situándosele en el centro de los sistemas de pensamiento. Al individuo se le pide la virtud para redimirse, a la vez que se le exige un saber bien orientado para dominar bien las esferas de poder o bien las esferas cósmica. Por esto el punto de encuentro de todas las filosofías renacentistas fue el hombre. Su estudio se convierte en el principal objeto de reflexión.
El quattrocento reivindicó la construcción de nuevos modelos filosóficos y políticos siguiendo el tronco común clásico. Se pasa a autores griegos, especialmente a Platón dejando así un poco de lado a los autores romanos. Este paso de una cultura a otra se hará en gran parte en Florencia, que se convierte en una “Nueva Atenas (Poliziano). No existe un único centro de difusión del pensamiento platónico, el más importante será el de la Academia de Florencia. Esta Academia es fundada por Ficino (1433-1499) bajo la protección de los Medici y fue uno de los elementos más importantes en la vertebración de la concepción neoplatónica. Ficino fue el autor más importante de esta corriente junto a Nicolás de Cusa, aunque el primero (de acuerdo con Garin) fue el teórico supremo. Se consagró al estudio de Platón y Plotino, de quien tradujo “Las Eneadas”. Ficino exaltó la naturaleza espiritual de lo bello, de los aspectos estéticos, que estaban relacionados con la divinidad: la belleza es el resultado de la divinidad. Es universal y se concreta en lo individual. La belleza es Dios. Intenta demostrar además que este pensamiento platónico no está reñido con la tradición católica.
El platonismo ya había gozado de una creciente reputación en la edad media, pero ahora se hace una nueva lectura donde se prima el intento de entender el mundo en términos de belleza y armonía. También interesa la erótica, la recuperación del eros. Esto esta fundamentalmente en dos diálogos de platón: el “Fedro” y ” El Banquete”. Estas recuperaciones fueron bastante beligerantes ya que son abiertamente anti aristotélicas.
El papel del alma ocupó un lugar importante en la elaboración de Ficino, que se concreta en lo relativo a su mortalidad. Este principio dio lugar a una gran cantidad de conflictos y controversias que se agudizan a partir de comienzos del siglo XVI. En 1510 el General de los dominicos Tommaso de Vio (1468-1533) reconoce la imposibilidad de mantener la conclusión a la que había llegado Tomás de Aquino. Afirma que la inmortalidad atañe a la fe y no a la razón y que además el alma no puede sobrevivir a la separación del cuerpo. Hubo una rápida respuesta de iglesia y en el Concilio de Letrán, en su octava sesión de diciembre de 1513,se ratifica la inmortalidad del alma y se declara herejía cualquier toma de posición contraria aunque fuese exclusivamente filosófica.
En este contexto también encontramos a Pietro Pomponazzi (1462-1523). Publica “Inmortalitate animae”, donde afirma que el intelecto se halla en una posición intermedia entre lo material y lo inmaterial debido a que depende del cuerpo para sus operaciones racionales. En cualquier caso, el alma no puede ser considerada inmortal ya que está ligada de forma indisoluble al cuerpo. La virtud tiene en el pensamiento de este autor un valor per se y no tiene necesidad de ninguna recompensa ni terrenal mi ultraterrenal. La virtud pura es la razón última. Cada individuo se realiza actuando en su propio contexto buscando la virtud. Y es en el seno de la humanidad donde la encuentra.

El esoterismo será una faceta importante en la filosofía del momento. Es el interés por estudio del oculto. Por eso el hermetismo y la cábala aparecen unidos en este momento. La cábala procede de la tradición judía y es un sistema de interpretación mítico y místico, alegórico del antiguo testamento. Hay muchas escuelas de cabalística. Es un conocimiento que se transmite por vía de la iniciación y con el que se pretende revelar las doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo. El antiguo testamento sería un libro místico, mágico, que habría que saber leer.
Las corrientes panteístas ocupan la escena, difundiéndose rasgos mágicos y esotéricos. Estaba ya presente en la cultura medieval por influencias judías y árabes, a las que se añadía creencias populares orientales o germánicas. Pero después de 1400 aparecen formas inéditas de esta herencia. Esta presencia está en autores como Cusa, Ficino, Lefebre o Pico della Mirándola. Allí hay desarrollos simbólicos y mágicos que ya no se tenían como ocultos sino como concretos y públicos.
Los filósofos se valen de estas elucubraciones cabalísticas y mágicas para sus teorías. La cábala también trasciende a manifestaciones religiosas, artísticas… Es decir: aparece en el humanismo en general un comportamiento de tipo irracional e imaginativo. Por eso predicadores y moralistas comienzan a analizar las alteraciones de la sensibilidad así como la muerte y la locura (temas prácticamente inéditos hasta ahora). La locura será un tema muy importante en el Renacimiento, escribiendo incluso Erasmo el “Elogio de la locura”, donde la entiende como la fuerza motora del universo. El mundo y los hombres se explican en ésta época como la ceguera o la locura mismas. Todo esto aparece reflejado en el arte. En cuadros de Bruegel aparecen campesinos en actitudes grotescas. Incluso en un dibujo de Holbein se corona a Cristo con un gorro de loco. El lado oscuro de la mente estaría ligado a la imagen tópica del loco feliz y la creencia de la lucidez de la locura. Es conocido en la pintura de le época el tema de la “nave de los locos”. A comienzos del siglo XVI aparecen verdaderas naves de locos, especialmente en Alemania, donde se transportaban hombres y mujeres trastornados de una ciudad a otra y eran usados como divertimento. En la pintura española del siglo XVII los locos y enanos también son atendidos como “hombres de placer”, como elementos de diversión de la corte.
Un autor muy importante será Giovanni Pico della Mirándola (muerto en 1494), que reivindicó la magia natural como elemento totalmente compatible con el cristianismo, como dimensión trascendental del género humano. Este convencimiento lleva a la conclusión de que el saber que mejor demuestra la divinidad de cristo es la cábala. Más allá de los símbolos y mitos de las distintas religiones subsistía un elemento común oculto a todas. Esto igualaría a las religiones y sería la razón por la que los libros esotéricos antiguos fueron objeto de culto especial como depositarios posibles de una sabiduría suprema y misteriosa. Circula así una gran cantidad de interpretaciones cabalísticas, donde la cábala se entiende de formas diferentes. Pero sí que aparecen dos libros cabalísticos principales: el “Heptaplus” de Pico della Mirándola y el “De arte cabalística” de Johannes Rebvchlin (fallecido en 1522).
El pensamiento mágico reivindicó el papel central del hombre en el cosmos y la creación. El alma humana se considera espejo del universo. Lo importante es la unidad viviente del todo. Así, no es fácil distinguir a dios de lo que llamó en el época el “alma del mundo”. Este “espíritu” estaba unido a fuerzas ocultas de atracción y repulsión. El hombre es presentado como una criatura privilegiada que constituye el nexo entre las diferentes esferas del ser. Así se le atribuyen al hombre una serie de poderes alquímicos y mágicos. La magia permite alcanzar al hombre el conocimiento sobre todas las cosas. Es así el saber por antonomasia.

Otro de los aspectos más importantes del Renacimiento fue la unión de filosofía y política. Maquiavelo (1469-1527) es un autor fundamental en la historia del pensamiento europeo y el primero que trata la política al margen de la teología, como un juego de fuerzas reales que anima las relaciones entre los hombres. Por eso se le considera en ocasiones, de una forma exagerada, como fundador de la ciencia política. Pretende encontrar la explicación de la naturaleza de los impulsos que rigen la relación y el comportamiento humanos, que a su vez rige la vida en la sociedad. Esto está totalmente unido con la historia: los hombres son los artífices de su historia, aunque a veces admite Maquiavelo la existencia de un conjunto de elementos y leyes que los individuos y las colectividades no pueden dominar. Ninguna fuerza exterior vive por su s propios medios, sino que son organismos autónomos.
El objetivo fundamental de Maquiavelo es comprender el comportamiento político por medio de la compresión del os impulsos. Por eso defiende una visión de la ciencia política. Por eso defiende la visión de una ciencia política sin prejuicios y racional. La religión es así vista antropológicamente por Maquiavelo y pertenece, por encima de todo, al campo de lo humano. Es un sistema de ritos y símbolos que se plasman en la comunidad y son un objeto valioso de dominio y control social, que es lo que le interesa para su estudio. Incluso incluye un capítulo en “El Príncipe” donde explica como mejorar la religión para controlar a los súbditos. Este libro se escribe en 1513 pero se publicó después de su muerte, en 1531. Provocó que el vocabulario ganara el adjetivo “maquiavélico”: retorcido, uso de estrategias sutiles para aumentar y preservar el poder… Crea la idea de “razón de estado, que está por encima de cualquier otra connotación, incluso morales (el fin justifica los medios).
De todos modos este libro ha tenido una lectura superficial. Posee un amplio nivel de lectura y niveles de interpretación. Como en otros humanistas, en Maquiavelo se funden el político con el erudito. Es un gran intelectual que participa en la vida público, política. Su interés era aque Italia dejase de estar ocupada por extranjero y fuese una nación fuerte y unida, y es por eso por lo que aconseja a los príncipes en su libro que sean fuertes y autoritarios y les aconseja así mismo sobre como usar la religión, el ejército…
Otro tema fundamental que aparece analizado por Maquiavelo es el de la constitución política, que tiene que ver con ordenanzas, leyes y costumbres. Elabora así el concepto de poder judicial como poder de carácter independiente, lo cual está en contradicción con el poder fuerte del príncipe. El príncipe también debe contar con un ejército nacional, esencial y básico para el estado.

Importante será también el surgimiento del concepto de utopía, al que se refiere Tomas Moro en “La Utopía”. Algunos autores consideran que este concepto aparece antes, incluso en ”La República “ de Platón, donde ya había un intento de organizar la sociedad (asunto al que se refiere la utopía). Inicialmente este concepto se refiere a un proceso socio-cultural dirigido por la elite salvo generalmente (excepto en el planteamiento de Tomas Moro) que refleja la jerarquización aristocrática tanto de los seres como de sus comportamientos. Parten de principios éticos que componen y promueven los arquitectos, que se plantean como desarrollar una ciudad física ideal. Intentan sintetizar y mejorar la pervivencia del hombre en la tierra, y por eso los urbanistas planifican el área urbana basándose en disciplinas como la geometría, la perspectiva… para crear una ciudad equilibrada y de carácter racional. La utopía da lugar a un nuevo ciclo ideológico que finaliza tradicionalmente con la Ilustración en el siglo XVIII, pero que según algunos autores llegaría hasta nuestros días.
Las utopías pretenden una solución a la contradicción entre la tendencia intelectual de intervenir de forma racional en la justicia social y la propia tendencia del intelectualismo de estas aislado.
No consideran al hombre como un alma religiosa sino como un elemento social. El hombre tiene la obligación ética de reorganizar su mundo social de un modo racional. Para ellos, la Razón es la única guía. La utopía representa el horizonte de cualquier proyecto de reforma o cambio.

Junto al libro de Tomás Moro aparecen como importantes en referencia al mismo asunto “La ciudad del sol” de Tommasso Campannella y “La nueva Atlántida” de Francis Bacon. Estas tres grandes utopías del Renacimiento están enmarcadas en ciudades inexistentes, evitándose así los autores la censura y los ataques de autoridad. Es un juego literario que les evita problemas.
En la base de “La Utopía” de Tomas Moro aparecen arquitectos como Leonardo da Vinci o Martini, que habían recurrido a criterios sociales y técnicos con los que intentaban intervenir en las condiciones externas de la existencia. Tomás Moro propugnó en su obra una nueva economía comunal basada tanto en la agricultura como en la artesanía. Para ello considera indispensable la ciudad como centro de la vida en sociedad. Su obra fue continuada por otros autores que ya conocían mundos nuevos como Asia y América que sirven de coartada a su radicalismo.

El mundo científico en el Renacimiento se entiende de un modo distinto del actual, ya que estaba sometido a la filosofía y a la teología, aunque en esta época es cuando se ponen las premisas del nuevo saber científico, entre los siglos XIV y XV.
En el mundo medieval y a comienzos del mundo moderno aparece un debate entre fe y razón. Al principio la vencedora fuera fe, aunque finalmente la triunfadora fue la razón, sobre todo en ámbitos científicos. Esta inflexión tiene lugar en el Renacimiento. Se pasa de una concepción cerrada del mundo propia de la época tardo medieval a un concepto de mundo infinito. Todo ello será a través de un proceso muy largo y costoso de liberalización del principio de autoridad.
La ciencia no era la búsqueda de las leyes entendidas como fórmulas y verdades de carácter necesario ni el análisis del comportamiento de las cosas. Es sólo una aproximación. La ciencia en el Renacimiento necesita una observación de la naturaleza con nuevos ojo. Se le atribuye a la naturaleza un valor autónomo. A esta visión sólo se puede llegar desvinculándonos de la ideología eclesiástica. Inicialmente en esta evolución hacia una nueva visión de la ciencia tuvieron que ver los avances técnico-económicos desarrollados en occidente a partir del siglo XIV, ya que las nuevas formas de gestión y administración marcan nuevas disciplinas y un modo muy concreto que parte de disciplinas como la cartografía y la astronomía. Están basadas en cosas muy concretas y menos en la abstracción. Estas disciplinas serán un estupendo punto de partida para el saber técnico (anterior a ciencia).
En este camino será muy importante la medición empírica del espacio y del tiempo. Estas disciplinas primero serán técnicas y posteriormente pasarán a ser ciencias. Aparecen obstáculos para el desarrollo de estas disciplinas mercantiles, que no pudieron reivindicar la categoría de ciencia ya que sus conocimientos eran vistos como fruto de actividades viles, mecánicas (se trabaja con las manos). Eran producidas así por capas humildes.
Durante el Renacimiento la aplicación de las matemáticas se dedicó al arte, utilizando disciplinas técnicas autores como Leonardo, así como al comercio, a la cartografía y a la técnica en general. La introducción de los signos matemáticos supuso un avance muy importante: el signo + sustituye el et latino, y el signo – es introducido en 1537 por Recorde. La obra de Luca Pacioli (1445-1510) “Summa de aritmética, de geometría, de proporción y proporcionalidad” es un punto de referencia para los contables de la época, siendo una especie de recopilación de todos los conocimientos matemáticos del momento. Algunos grupos de artistas proclamaron el carácter no vil de sus producciones. No consiguieron impugnar el principio por el que se consideraba al arte una actividad técnica, pero si se empezó a dar un respeto hacia ellos. Hay en este periodo una jerarquía entre técnica y ciencia, social e intelectual. El arte, la técnica, están desdeñarlas por el científico tradicional. Pero en los siglos XV y XVI el ideal de saber comienza a cambiar, ya que empieza a aplicarse el concepto de utilidad terrenal y empieza a ser importante la práctica.
En los siglos XV y XVI surgen las primeras realizaciones de carácter técnico, la única obra científica anterior a este periodo es la de Copérnico.
Las ciencias naturales eran un saber libresco. No había ni observación ni experimentación hasta después de 1550, aunque sí se emprenden antes las representaciones realistas de hombres y animales. Aparecen con muchas dificultades estudios anatómicos ya que estaba prohibida la disección. Uno de los autores más interesantes en esta línea será Leonardo da Vinci, que hace exploraciones metódicas de lo visible. Se relacionó mucho con intereses anatómicos rigurosos que desembocan en la elaboración de los Atlas de Andreas Besalio, publicados a partir de 1538.
Hay dos autores muy importantes: Agrícola (1495-1555) y Paracelso (1493?-1541). Ambos son prototipos de los nuevos investigadores en medicina, química y mineralogía, disciplinas que iban unidas en el momento. Realizan progresos respecto a los primeros alquimistas que mantenían sus descubrimientos en secreto. Ahora la experimentación y las teorías se dan al resto del mundo.
Agrícola estudió primero griego y después medicina. Viajó a las cuencas mineras de Carintia y Estiria. Fue nombrado médico en Checoslovaquia, una de los centros mineros más importantes de Europa, donde trató enfermedades profesionales relacionadas con las minas, estudió la utilización de los metales para sanar y estudió los productos de fusión para realizar medicinas. Sus conocimientos, que provienen de la experiencia, quedan plasmados en “De Re Metallica”. Es ahora es la base del estudio de los medicamentos y de los nuevos estudios de la geología. Su obra estará vigente hasta el siglo XVIII.
Paracelso estudió medicina en Ferrara e igualmente trabajó en los laboratorios de las minas. Condenó la medicina tradicional y se dedicó a aprender las técnicas médicas populares. Su carrera estuvo marcada por éxitos y fracasos, comenzando en Salzburgo bajo la protección de algunos reformadores. Rechazo a las autoridades académicas y tuvo polémicas muy agrias ya que afirmaba que no era posible adquirir sabiduría a través de los libros, sino que había que estudiar la naturaleza. Su carácter le obligó a vagar de una ciudad a otra curando a los mineros. Sus tratamientos médicos se basaban en lo que hoy conocemos como homeopatía, utilizando drogas y minerales obtenidos por métodos químicos.
Besalio utilizó el cuerpo de criminales para hacer estudios, por lo que contó con material suficiente para mostrar que las descripciones anatómicas de Galeno usadas en el época eran de un mono y no de un hombre. El resultado de sus trabajos quedó recogido en “De Humani corporis”. Obra capital de anatomía y publicada en 1543. Se produce un paso de las representaciones esquemáticas de los seres vivos a una de tipo plástico, exacta. Es el paso más notable dado por las ciencias biológicas. El libro más importante en la representación de animales será Historia animalium”, publicado en Zurcí en 1551 por Konrad von Gesner.
En España, será fundamental la obra de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (muere en 1557). Fue enviado como inspector a Santo Domingo en 1514, y allí entra en contacto con al flora y la fauna americana. Con este conocimiento de primera mano publica en 1535 “Historia general y natural de las Indias”. Intenta desmitificar la imagen irreal que tendía Europa de las Indias, describiendo lo que ve y no lo que le cuentan.
También es interesante en ésta lógica la obra de Pierre Belón, nacido en Le Haus en 1525. Se interesó por la fauna acuática y publicó en 1551 la “Historia natural de los más extraños peces marinos”, y en 1553 su “Historia sobre la naturaleza y descripción de animales encontrados en Grecia” como resultado de sus visita a éste país. Llevó a cabo más de 200 disecciones de animales, realizó estudios de anatomía comparada entre animales voladores y hombres, clasifica y separa por especies…
Podemos decir que a partir de la segunda mitad del siglo XV el libro ilustrado conoce un gran éxito.

La astronomía estuvo mucho tiempo bloqueada no debido a la preponderancia de la astrología, sino a la exigencia de los dogmas. Es en esta astronomía donde se librará por este motivo una “batalla” entre los científicos modernos y los guardianes del saber tradicional. Cresque (1340-1412) había defendido la infinitud del espacio y la existencia de diferentes mundos. Este saber no era el mayoritario. A comienzos del siglo XV aparecen dos obras fundamentales: “Imago mundi” de 1410 escrito por D’ailly y el “Compendium cosmografiae” de 1413, del mismo autor. Estas obras representaban la cima de la geografía.
Las matemáticas comienzan a usarse cada vez más para la astronomía, y así aparece “De revolutionibus orbium caelestium”, (1543) de Copérnico. En este libro sostiene haber identificado una simetría admirable en el universo, tenía armonía. Estos elementos son claramente pitagóricos. Establece Copérnico una relación armónica entre el movimiento de los astros y la magnitud de las rotaciones de los cuerpos celestes. En su opinión, la propia lógica y armonía del cosmos exige que sea el sol el punto central del universo y no la tierra. Esta fórmula se remonta al menos a 1515, pero el autor no se atrevió a difundir públicamente sus conocimientos.
Copérnico nació en Polonia en 1473 y muere en 1530. Estudia en Cracovia y, como cualquier intelectual, comienza un viaje y estudia astronomía en Bolonia ya después de 1496. Regresa a su país tras haber estado en Roma y Padua, y construye un observatorio muy primitivo pero eficaz. Será su discípulo alemán Rheticus quien ofrezca la primera muestra de las teorías de Copérnico en 1540 en “Narratio libris revolutionum coperninici”, donde popularizó la visión fundamental de su maestro. Copérnico, para curarse en salud, dedicó el libro al Papa Pablo III, aunque era consciente del carácter radical de su teoría e incluso aparecen reflejados en el libro sus pensamientos acerca de lo complicado de que sus colegas pudieran entenderlo. Por eso explica la doctrina con claridad mediante fórmulas matemáticas. Argumentó que era más sensato atribuir movimiento de rotación a la tierra que asumir que en 24 horas girase el resto de los astros alrededor de los planetas. Esta propuesta dio lugar a diferentes respuestas.
En los países católicos no se dio mucho crédito a sus ideas, y se consideraron pura especulación matemática. En los países protestantes, salvo Inglaterra, se desautoriza al obra de Copérnico. En concreto Lutero afirma que Copérnico es un loco que va a desquiciar la astronomía. Desde el punto de vista histórico, estas teorías destronan al hombre de su lugar central e n el universo. El hombre había sido creado a imagen y semejanza de dios y quedaba relegado a habitar un planeta como los demás.

La ciencia comienza a constituirse como un proceso orgánico que no había acabado: no se había llegado al fin de los conocimientos. Permitía contemplar de forma nueva el lugar del hombre en el universo, a dios y a relación de éste con la divinidad.

La reforma protestante y la ruptura de la cristiandad

Entre los siglo XI y XIV, los historiadores de la religión han encontrado una aparente paradoja: la iglesia alcanza cada vez más peso específico en la esfera política y más prestigio cultural, pero aparece una parte del clero que entiende que la propia institución s está corrompiendo por lo que defiende una vuelta a un cristianismo mítico, de carácter ejemplar. Estos autores eran una minoría. Los que defendían el poder temporal eran quienes dominaban la estructura e incluso perseguían en ocasiones a los anteriores como herejes.
Los seglares estaban en un nivel inferior al de los miembros del clero. Incluso los sacerdotes no querían que leyeran los libros sagrados ni discutieran su contenido e implicación. Los eclesiásticos se arrogaban el monopolio de las interpretaciones de las escrituras y sólo ellos podían definir las creencias y ejecutar la predicación. El culto se organizaba para que los sacerdotes aparecieran como los únicos intermediarios posibles entre el hombre y dios. El sacerdote se erige en un hombre docto que vive de forma diferente al resto de los mortales y que no puede contraer lazos familiares, por ejemplo. Son quienes pueden provocar la intervención de la divinidad, conjurar las fuerzas demoníacas… lo que explica su posición en primer lugar dentro de las categorías sociales. Se les paga con los diezmos, tienen importantes propiedades y legislan en materias de comportamiento, incluso privado. La iglesia pretende controlar la cultura, el arte, la instrucción, y dirige y administra las principales obras de asistencia.
La intención inicial de los reformadores no fue quitar a la iglesia estas funciones, sino disciplinar al clero. El Vaticano se había organizado como un territorio políticamente igual al resto de los territorios europeos, con una curia estructurada como un organismo burocrático bastante poderoso, con una fuerte centralización. Esto había ocurrido entre los siglos XIII y XIV. Fueron muchos los que trataron de aprovecharse de las sucesivas crisis del papado a raíz de Cisma de occidente, donde algunos individuos habían tratado de limitar el poder del Papa apareciendo incluso el “partido conciliar”, que defendía la superioridad del concilio frente al Papa. Este grupo polarizó los esfuerzos para conseguir un régimen menos autoritario y más colegiado. Pero no tuvieron éxito, a pesar de que entre 1431 y 1449 se celebró el Concilio de Basilea, donde no participó el Papa. Los papás de la segunda mitad del siglo XV y comienzos del siglo XVI estuvieron muy absorbidos por la política italiana, y no se implicaron en cuestiones que planteaban los reformadores que continuaban manifestándose en el seno de iglesia.
En el siglo XV se dan distintos intentos de reprimir los abusos disciplinarios de las órdenes monástica, e intenta cambiarse la relación entre Dios y los hombres. Son los precursores de Calvino.

A largo de la edad media la religión se había utilizado como contestación social, algo que seguirá también en los siglos siguientes en los programas de los franciscanos y de los husitas. Ambos grupos pretendían una iglesia de los pobres y para los pobres, un retorno a la humildad de los orígenes, atacan la riqueza del Papa y los obispos, no aceptan los abusos señoriales de los clérigos… Defendían un mensaje solidario y comprometido similar al de las primeras comunidades cristianas. Algunos de estos reformadores reaccionaron de forma radical, como sucede con John Wycliff, exponente del radicalismo en la segunda mitad del siglo XIV (1330-1384), que sostenía que los príncipes tenían derecho a expropiar los bienes del clero y distribuirlos en interés de la comunidad. Es contrario al voto de castidad y al mendigar de los monjes. Sus obras influyeron notablemente, siendo tomadas por los reformadores del siglo XVI. Él atacó la venta de indulgencias, rebatió la infalibilidad del Papa y la utilidad del propio Pontífice. Los monjes son en su obra tachados de hipócritas y embaucadores. Su pensamiento pasó de Inglaterra al continente, a Bohemia especialmente, donde su obra fue introducida en 1501 por Gerónimo de Praga.  Así Huss (1369-1415) absorbe estas teorías afirmando que nadie puede ser representante de Cristo y de San Pedro sin un comportamiento igual al que ellos tuvieron. Los husitas influirán de forma fundamental con Lutero. Lutero, en junio de 1519, tiene una importante controversia con Johan Eck (1486-1543), donde llega a defender que tanto los papás como los concilios pueden equivocarse y que la única autoridad es la congregación de fieles. Esto indica el peso del movimiento husita en la historia de la reforma.
Entre 1419 y 1437 en movimiento husita se basó en la doctrina de Wycliff, que estará también en los reformadores fundamentales. En la práctica hubo diferencias considerables entre husitas y luteranos, lo que explica los finales diferentes. Los reformadores checos fueron defenestrados debido a su identificación con los intereses de los pobres. En cambio los líderes protestantes supieron granjearse el apoyo de los príncipes.

Pero aparte de los husitas, el mundo cristiano se vio agitado por cuestiones sociales, por las formas. Los reformadores explicaban que se habían incrementado las prácticas de devoción al santo, por lo que el cristianismo parecía reducirse a formas más que a contenidos. Para ellos lo importante era la relación personal del hombre con Dios, algo que a las autoridades no parecía preocuparles mucho. Entre los individuos que critican esto es tan los hermanos de la vida en común, fundados por Gerard Groote (1430-1484). Se difunde por el área flamenca. Aquí también se difundirán las ideas de la devotio moderna. Ambos movimientos coincidían en la necesidad de una experiencia religiosa íntima y personal, avivada por la lectura de los textos sagrados. Critican el culto a santos protectores y la veneración de las reliquias. Eran santos con un carácter fundamentalmente salvador. Defienden el carácter de Cristo y es en esta línea donde se encuentra la “Imitación de Cristo”.
En Europa nororiental se suman una serie de humanistas que apoyan la vuelta a las lecturas originales. Se empleaban en el estudio riguroso de los textos sagrados que habían sido corrompidos por malas traducciones. Se defiende así la vuelta a la literatura patrística, especialmente a la de san Agustín.
Junto a la devotio moderna surge el evangelismo de Erasmo

Estas formas de religiosidad estaban reservadas a las élites, que eran quienes estaban capacitados a seguir este camino basado en la disciplina interior. Se critican seriamente los hábitos colectivos que buscaban la virtud por medio de vías fáciles como la limosna, los votos, las indulgencias o el recurso a la intercesión de los santos. Todo esto implica un nuevo concepto de Dios y de las relaciones del hombre con este.

En el arte encontramos la representación de Dios en forma de hombre (juez, guerrero, rey…) con los intermediarios que suelen ser la virgen y los santos y que hacen sentir el contacto con Dios como directo. Otra manera de entender a Dios era considerarlo como insondable y lejano, superior a cualquier intento de comprensión. La 1ª imagen estaba más extendida y es más grata. La segunda vía procedía de la teología negativa desarrollada en la edad media y sitúa a la divinidad en lo alto de una escala de seres. En este contexto hay que entender las obras de Guillermo de Ockham y de Wycliff. Defienden que la salvación o condenación del hombre respondía a la insondable voluntad de Dios. Saber si quiere o no la salvación en un caso particular es imposible.
Junto a estas dos vías existe una tercera que adquirió relativa relevancia de forma progresiva e influyó en los cambios de la sensibilidad religiosa. Es de origen pagano, grecorromana, y parte del presupuesto de que Dios podría identificarse con la naturaleza (panteismo). En esta vía se encuentra la raíz de toda virtud: la naturaleza no está corrupta sino que es originariamente buena y bella. De ella surgen los hombres, la bondad, y toman de ella sus cualidades todos los objetos. Se establece una relación entre naturaleza, belleza y utilidad.
Se producen en este contexto cambios introducidos por los protestantes en la imagen de Dios, distinta a la de los católicos. Elton afirma que el movimiento protestante fue una religión más austera y difícil que aquella de la que se había separado. Lutero sostenía que los católicos trataban de adaptar a Dios a las necesidades de los hombres, olvidándose así su omnipotencia y de la incapacidad que ellos tenían como hombres para sobornar o influir en Dios. Debía presentarse por tanto sin intermediarios ante la divinidad. Surge aquí una de las bases del luteranismo: el sacerdocio universal. Este concepto es contrario a la visión del mundo católico sobre los sacerdotes. Lutero afirma que todos los creyentes son sacerdotes. Nadie puede ser monje. Dios, en un acto de gracia infinita, perdona sin tener en cuenta los méritos ni esfuerzos por acercarse a el. No es necesaria la intercesión de un sacerdote, que es uno más dentro de la comunidad. El Dios de los protestantes no era por tanto justiciero sino un padre de bondad absoluta hacia sus hijos, a los que no obliga a pagar por sus pecados ya que sabe de sus limitaciones en su capacidad para llegar a el. No premia el afán humano por evitar el pecado mi la contrición, por lo que no habrá confesión en el mundo luterano. Salvarse depende sólo de la decisión de la divinidad, otorgando así la vida eterna a todos los que se consideran hijos suyos sin necesidad de que nadie interceda por ellos. Esto es lo que se llama justificación por la fe, el segundo pilar del luteranismo.

Lutero (1483-1546) comienza a polemizar con los dominicos sobre la concesión de indulgencias en el territorio alemán. Antes de poner en circulación de las “95 tesis” (otoño 1517) había atravesado una crisis personal que le había llevado a conclusiones contrarias a la doctrina ortodoxa. Impugnaba el derecho del papá a distribuir los frutos de los méritos de Cristo y de los santos. Para Lutero cada cristiano era un pecador digno en esencia de ser condenado de forma irremediable. Sólo podía salvarse gracias al absoluta misericordia de Dios. En esto consistía uno de los pilares fundamentales del luteranismo, el de la justificación por la fe. En consecuencia, los sacramentos, distribuciones de gracia divina en el mundo católico, pierden importancia. El diálogo con Dios debe ser directo, lo que significa también una devaluación de los sacramentos así como de las buenas obras. Pierde valor la acción de los intermediarios (los santos y la virgen). Los fieles son todos iguales en dignidad y valía, apareciendo así el concepto del sacerdocio universal, que conduce a la obligación de leer los textos sagrados para todos los creyentes. Esto supone el libre examen de las escrituras. Así se llega a unos altos índices de alfabetización en la Europa protestante, con un 10% del alfabetos en 1800 frente al 70% de analfabetismo en España para la misma época. El clero no debía constituir una casta aparte, sino que era un elemento más integrado en la comunidad, por lo que tendrá todas las obligaciones del resto del pueblo incluido el matrimonio. Incluso el mismo Lutero se casó con una monja con la que tuvo seis hijos. Para el luteranismo la sexualidad no era un mal menor sino algo positivo.
El mundo luterano se desarrolló medio de una propaganda canalizada a través de la imprenta así como de algunos autores que hacen más entendible la doctrina al común de los mortales. Entre estos autores está Philipp Malanchthon (1497-1560), que presentó que en 1521 un catecismo o prontuario de la doctrina luterana llamado “Loci communes”.
El desarrollo de la doctrina luterana estuvo asegurado gracias al apoyo secular de los príncipes. Esto se explica por medio de la guerra de los campesinos, donde varias capas sociales intentarán imponer sus exigencias. Aparece así un movimiento luterano en principio bastante radical conocido como anabaptismo, y que bebe del taborismo checo (de ahí su carácter revolucionario). Se cuestionan el poder económico y social que los príncipes y señores. Aquí aparece Thomas Münzer (1489-1525). Era en su origen un agustino muy emprendedor al igual que Lutero, pero con una formación intelectual menor. Era un líder carismático que tuvo gran adhesión de campesinos. Su movimiento era un tanto mesiánico y anunciaba que los campesinos eran los elegidos para llevar a cabo el triunfo los evangelios.
En este contexto existe un conflicto social en 1525 en diferentes ciudades alemanas, la “guerra de los campesinos”, donde los nombres que toman las armas contra los rebeldes, contra los anabaptistas. Lutero no se posicionó claramente al principio, pero posteriormente tomó partido por los nobles (esta es la gran diferencia entre Lutero y Hus) y promulga el exterminio de los rebeldes. Esto sucede el 15 de mayo de 1525 en Frankenhausen. Münzer fue capturado, torturado y muerto. Lutero, en el texto donde exhorta al anteriormente mencionado, dice que hay que luchar “violentamente” contra los rebeldes.
Se consagra así una ruptura de la unidad confesional del mundo cristiano. Esta ruptura no era nueva ya que el mundo ortodoxo se había separado antes del mundo cristiano. Lutero consagra el principio latino de cuius regio eius religio: cada cual tiene que seguir los preceptos religiosos de su estado. La religión de estado es la del príncipe, y es en este contexto donde surge la concepción de herejía y de caza y captura del diferente así como los grandes conflictos de religión de los siglos XVI y XVII.