Se llamó carrera de Indias a la ruta marítima que unía los territorios de la monarquía a través del Atlántico. El comercio que en ella se realizaba fue responsable en gran medida de la hegemonía hispana, la corona pretendió controlar las riquezas del Nuevo Mundo y abastecerlo de mercancías europeas de forma que los esfuerzos de los otros países se dirigieron a romper su exclusividad.

Los cargadores de Indias, grandes comerciantes registrados en la casa de contratación debieron conjugar tiempo, peso, volumen y ganancias para hacer rentable el sistema.

Monopolio comercial: desarrollo y límites

La configuración del monopolio pasó por distintas fases para quedar fijada en torno a mediados del XVI y hasta casi mediados del XVIII.

  • Monopolio Corona−Colón (1492−1495) se debió a las capitulaciones y significó que toda persona o producto que pasaba a Indias debía ser registrado por la Real hacienda, para lo que se creó una Casa de Aduanas
  • Monopolio a favor de los súbditos de Castilla: se estableció por una Ordenanza de 1495 que concedía a todos los súbditos castellanos la facultad de viajar a América, establecerse con sus familias y comerciar según condiciones:
  1. Los barcos se debían registrar en Cádiz y recalar en este puerto a su vuelta
  2. 1/10 de la carga se reservaba a la Corona
  3. 1/10 de los beneficios comerciales se entregaban al rey

A pesar de esto era un comercio relativamente libre hasta que en 1501 una Real Cédula prohibió pasar a América sin licencia expresa y se empezaron a conceder Capitulaciones a particulares en las que se fijaban las condiciones y las garantías reales. En esta época el comercio estaba libre de impuestos en la península y hasta 1543 sólo hubo un impuesto combinado de importación−exportación que gravaba en un 7,5% en la Española




  • Sevilla y la Casa de Contratación (a partir 1503). La casa nació como un establecimiento comercial en el que se concentró el cuerpo administrativo de los asuntos de América: elegía capitanes y escribanos para cada barco, registraba objetos y personas y cobraba los impuestos pertinentes. A partir de 1503 el monopolio empezó configurarse con las características que tendría en el futuro:

Sevilla como puerto único en la Península

Sevilla se escogió por ser la ciudad más importante de Castilla gracias a sus enclaves genoveses, su tradición mercantil y la reactivación económica y también por ser un puerto protegido de los piratas y con una mayor facilidad de control. Sin embargo, San Lúcar no permitía remontar el río a barcos de mucho calado. Se estipuló que todos los barcos con destino a América debían partir de Sevilla y retornar a ella, pero los inconvenientes de la “barra” provocaron protestas coloniales por el retraso en la llegada de bastimentos. A pesar de que se nombró un visitador y se creó un Juzgado de Indias en Cádiz dependiente de la Casa, la rivalidad entre estas dos ciudades fue constante. A partir de 1529 una Real cédula permitió partir hacia América desde otros puertos de la península con la supervisión de un Juez de la Corona y la obligación de retornar a Sevilla.

Navegación regulada por el régimen de flotas

Fue indispensable debido a la piratería y la reanudación de la guerra con Francia. En 1543 se promulgaron las Ordenanzas que regulaban el régimen de flotas:

  • Sólo debían navegar naves de más de 100 toneladas
  • Las flotas debían de ser de 10 bajeles como mínimo
  • Salidas anuales previamente establecidas en marzo y septiembre para aprovechar los Alisios
  • Cada flota iría protegida por barcos de guerra que la acompañarían hasta el Caribe, se quedarían el la Habana limpiando el mar de piratas mientras las mercancías se repartían por la costa, y después volverían a reunirse en la Habana para volver
  • Los barcos de guerra se sufragaban con la avería, un impuesto especial que gravaba con un 75´% el comercio.

En 1552 se pretendió sustituir este régimen de acompañamiento por escuadrones en el Atlántico que recibieran a la flota en cada salida y entrada. Sin embargo en 1553 se volvió al sistema anterior por petición de los Consulados de Comercio con salida en enero y septiembre y la escolta de cuatro navíos de guerra que se dividirían para proteger las mercancías en su distribución por el continente.

La Corona y los comerciantes rivalizaron presentando planes alternativos para mejorar la protección de la Flota. A pesar de la prohibición para que naves sueltas se hicieran a la mar, esta circunstancia se daba con frecuencia.

No se respetó ni la prohibición de emprender viaje naves sueltas, ni las fechas de entrada y salida. A partir de
1561 se ordenó que la capitana y la almiranta debían cargar 100 toneladas menos de su capacidad total para llevar treinta soldados armados y para mayor seguridad que el general y contraalmirante no fueran dueños del navío que mandaban.

En 1564 unas nuevas Ordenanzas autorizaron la salida por separado de la flota para Nueva España y Panamá, la primera entre abril y mayo y la segunda en agosto, para invernar en las indias y regresar en enero de Panamá y febrero de Nueva España. En 1565 se fijó el orden y composición de la armada: la capitana debía ser un galeón de 300 toneladas y armada con 200 hombres entre tripulantes y soldados armados, al igual que la almiranta. La flota de vigilancia se mantuvo.

Pocos puertos autorizados en Indias y controlados por los Consulados

El monopolio comercial se apoyaba en pocos puertos en Indias y en los consulados de Sevilla, México y
Lima. Sólo los grandes comerciantes pudieron acceder a la carrera de Indias pues se exigía un nivel de solvencia y un mínimo de volumen para poder participar, a cambio, los comerciantes monopolistas tenían ciertos privilegios:

  • Podían transportar 1/3 de la mercancía sin declarar
  • Los Consulados defendían juntos sus intereses, pudiendo presionar a la Corona para obtener ventajas
  • Tenían un fuero especial y un tribunal propio
  • Los precios eran fijados por ellos

Los comerciantes de los Consulados de México y Lima controlaban las ferias de Veracruz y Portobello, distribuyendo después por los virreinatos. Las ferias fueron unas pieza clave en el comercio trasantlántico, pues en ellas se realizaban las transacciones entre los mercaderes de la carrera y los comerciantes de Indias.

Las líneas de tráfico eran muy restringidas: de Sevilla a la Habana, donde se dividía en dos: la flota iba a
Veracruz para abastecer México y los galeones se dirigían a Panamá para descargar en Portobello, desde donde las mercancías se encaminaban a Lima.

Este monopolio en tan pocas manos, operando sobre unas rutas de tráfico tan restringidas que dejaban al margen a gran parte del continente americano, creó serias disfunciones que favorecieron el contrabando.

Política de precios altos y escasez de oferta

En el siglo XVII el comercio no aumentó al ritmo esperado debido al tráfico clandestino, el comercio con
Filipinas, la existencia de naves sueltas y el florecimiento de las colonias. Sin embargo lo más determinante para el espaciamiento de las flotas fue el deseo de mantener precios alto mediante una escasez de demanda constante llegando a crearse monopolios dentro del monopolio con comerciantes que acaparaban en exclusiva un determinado género de la flota.
Los Consulados pedían la no llegada de la flota por saturación de los mercados al mismo tiempo que apoyaban el sostenimiento del sistema. Otros motivos para la irregularidad fuero las guerras, los desastres del erario y las requisas de mercancías, favoreciendo el comercio ilegal.

Instituciones Mercantiles

  1. La Casa de ContrataciónLos antecedentes de la Casa de Contratación se encuentran en el Consejo de Castilla, en el grupo de personas dirigidas por el Obispo Fonseca que se ocuparon de los asuntos de América durante diez años. La fundación de la Casa se produjo en 1503 configurándola con un tesorero, un contador y un factor con funciones fundamentalmente comerciales: debía fomentar los intercambios entre Castilla y las Indias, ser almacén receptor y emisor de mercancías, prever las necesidades ultramarinas y llevar un registro de las transacciones.
    A partir de 1507 la Regencia se decidió a definir de nuevo las funciones de la Casa para evitar conflictos de competencia con otros organismos: en 1510 las Cortes de Monzón emiten unas nuevas Ordenanzas que fijaban que debía actuar siempre como órgano colegiado y juzgado de primera instancia en los pleitos mercantiles surgidos en la carrera, podía expedir licencias, autorizar contratos, debía registrar la emigración y las comunicaciones, era almacén real de carga y descarga, inspeccionaba los buques, los proporcionaba abastos navales, cobraba las multas y fue depositaria de los bienes de difuntos.A mediados del XVI la Casa se había convertido en una institución bien organizada con departamentos definidos y exenciones similares a las de los tribunales o chancillerías. En 1514 se creó el cargo de Correo Mayor.

    La Casa como Escuela de Navegación, oficina hidrográfica y escuela náutica. Fue la más importante de la Europa del siglo XVI: impulsaba viajes, confeccionaba cartas, perfeccionaba artilugios para navegar y examinaba a los pilotos de la carrera. Otros pilotos reales hacían labores de investigación y llegó a llamárseles cosmógrafos, creando su propia cátedra en 1552. La Casa también podía contratar expertos para misiones puntuales, dándoles el título de Capitán Real con sueldo.

    Como Tribunal de Justicia funciona desde su creación en 1503, como tribunal civil que dirimía causas penales y ejecutaba sus sentencias mediante las justicias ordinarias, lo que creó conflictos de competencia entre la Casa y la ciudad. Como consecuencia, en 1508 Fernando amenazó con llevarse la Casa de Sevilla, y el 1511 emitió una Pragmática General que definía con exactitud la jurisdicción de la misma: a partir de ahora se ocuparía de los procesos relativos a contratos del comercio americano, pleitos por fletes y seguros marítimos, delitos cometidos en el trayecto. Las sentencias se ejecutaban en las cárceles ordinarias y sólo eran apelables ante el Consejo de Indias. En 1543 las competencias de derecho civil pasaron al consulado de Sevilla.

  2.  Los ConsuladosLos Consulados de Sevilla, México y Lima, eran corporaciones de grandes mercaderes que gestionaron el monopolio comercial de forma que sólo beneficiara a sus agremiados presionando a la Corona para obtener mejores condiciones, defendiendo su fueron y representando sus intereses.El de Sevilla se creó en 1543 en respuesta a los comerciantes que solicitaban organizarse; se compuso de un prior y dos cónsules que resolvían en materias de justicia de forma más rápida que la justicia ordinaria. Los de México y Lima datan de 1592 y 1613.

    Los Consulados se encargaron de resolver los problemas cotidianos, dejando a la Casa la planificación y el fomento del comercio. Como delegados de la Casa actuaban como controladores del tráfico y asesores de la Casa, prestando a la Corona valiosas contribuciones económicas a cambio de privilegios.

El protagonismo hispánico en los tráficos atlánticos: la consolidación de la carrera de Indias

Aunque es posible que los metales causaran la desestabilización de la economía colonial, fueron estos los que consolidaron la carrera en un momento en el que Europa todavía no demandaba productos agrícolas. El sistema de flotas exigía planificación y grandes gastos sujetos a riesgos tanto económicos como personales, y durante el siglo XVI la relación del costo económico, las posibilidades tecnológicas y el beneficio se mantuvo cerca de los límites que permitían hacer la operación de forma rentable. (solo los metales pudieron convertir en rentable un comercio cuyos riesgos financieros y personales eran muy altos).

En el siglo XVII la economía política vio el comercio como una actividad positiva de la que se podían sacar grandes beneficios, por lo que se consideró prioritaria la defensa de la exclusividad y se introdujeron algunos cambios:

  • Se ampliaron los participantes en el monopolio, Cádiz estuvo más presente gracias a consideraciones geográficas y comerciales, Canarias se sumó al comercio en 1556 y el 1667 se le permitirá unir a la flota un buque de 1000 toneladas, Las provincias Vascas obtuvieron el monopolio del comercio del hierro y los metales gracias a disposiciones de 1621 y 1675.
  • Las mercancías variaron: en el siglo XVI el 95% de las mercancías importadas eran metales y las exportadas, objetos de lujo, materias primas para la minería y textiles. América tenía un gran potencial de productos, pero no producía excedentes y Europa tampoco los demandaba; las primeros productos que compartieron el flete de retorno con los metales fueron las plantas medicinales, materias tintoreras, cuero, tabaco y más tarde el azúcar y el cacao.
  • A lo largo del siglo XVII la estructura de los comboyes se hizo más compleja, la periodicidad se alargó y las flotas pasaron a ser bianuales o incluso más espaciadas a causa de la saturación del mercado por el contrabando, el comercio con Filipinas y los intercambios interregionales, La seguridad se vio truncada con mayor frecuencia y la marina mercante se vio en circunstancias tan precarias que en 1623 un tercio de los barcos eran extranjeros y oro tercio indianos, propiciando la entrada de extranjeros en la carrera.

Comercio triangular y tráfico de esclavos

La rapidez con la que aumentó la demanda de productos americanos como el azúcar elevó los precios y acrecentó la demanda de esclavos de forma que la ruta de los esclavos se integró en la del azúcar dando lugar al llamado comercio triangular con vértices en Lisboa, África y Brasil o Liverpool, África y las Antillas.

Los esclavos ofrecían indudables ventajas para las plantaciones: eran más duros para el trabajo, estaban bajo jurisdicción del amo, no tenían protección legal y se podían obtener por dinero por lo que su traslado forzoso no se abandonó en todo el periodo colonial.

Asimetría en los flujos circulatorios: análisis y problemas de cuantificación

En el puerto americano confluían dos formas de comercio que habían regido la circulación de las mercancías desde su s lugares de origen hasta su llegada a dichos puertos. Las mercancías americanas habían pasado desde su unidad de producción (mina, hacienda o plantación) al puerto de exportación de la mano de la clase mercantil criolla mediante una transacción que Carmagnani denomina secundaria:

mercancía−dinero−mercancía, en la que el dinero sólo está presente como unidad de cuenta y el intercambio se produce en medio de una falta de oferta y demanda libre mediante una estrecha relación entre el productor y el comerciante que condiciona los términos del intercambio.

A pesar de estas rigideces, las ganancias estaban presentes en cada uno de los escalones de la cadena comercial y éstas se debían al modo de producir colonial.

En cambio las mercancías europeas circulaban en un sistema de dinero−mercancía−dinero, se producían con un sistema de trabajo libre y se movían en un sistema de libre oferta y demanda. La confluencia de ambos sistemas produjo una pequeña asimetría en los flujos circulatorios, dando lugar a que la oferta y la demanda pudieran ser manipuladas.

La presencia de terceros: piratas, corsarios y contrabando

Los títulos esgrimidos por la Monarquía Católica para reivindicar la exclusividad en el dominio del Nuevo Mundo fueron discutidos desde el primer momento pero mientras el poderío del rey católico fue incontestable los países excluidos se limitaron a atacar mediante el corso o la piratería. Ambas palabras designan a la misma actividad dependiendo de si las relaciones del país que la promovía con la Monarquía Católica eran de guerra o de paz: los corsos actuaban con pabellón y licencia de su país, al que hace partícipe de sus ganancias, mientras que el pirata teóricamente no rendía cuentas a nadie. Para Pierra Vilar corso y piratería eran una forma de guerra económica que permitía participar de las riquezas del Nuevo Mundo a la vez que impedían que la Monarquía Católica recibiera sus recursos.

El contrabando es fruto de la marginación creada por el monopolio: todos los excluidos estuvieron dispuestos a practicarlo: países como Francia, Holanda e Inglaterra, pequeños comerciantes americanos y regiones marginales de los Reinos de Indias, con la colaboración de funcionarios corruptos y los propios consulados americanos.

El modus operandi varió desde la introducción de mercancías en puertos secundarios hasta fingir una presa.
Este sistema consistía en denunciar la llegada de un barco con contrabando a cambio de una recompensa consistente en 1/3 de las mercancías, 1/3 se lo quedaba la Corona y el resto se sacaba a subasta a bajo precio: puestos de acuerdo denunciante y denunciado podían comprar esta parte con unas pérdidas menores que las que suponían el pago de impuestos.

La participación de los consulados es más compleja porque eran defensores del monopolio y el régimen de flotas, pero al mismo tiempo podían pedir a la corona que no enviase por un año la flota con lo que conseguían:

  • Se les rebajaba la alcábala que gravaba las ventas porque se suponía que ese año había poco que vender
  • Seguían vendiendo productos de contrabando como si llegasen de la flota
  • El riesgo era nulo porque estas mercancías se vendían como legales